Primera capital permanente del país, Nara guarda templos grandiosos y jardines serenos donde el silencio se mezcla con la naturaleza.
Su famoso parque, habitado por ciervos que deambulan libremente, refuerza la sensación de armonía.
Aquí, historia imperial y espiritualidad conviven en equilibrio perfecto.
PARQUE DE NARA
Hogar de los ciervos sagrados que conviven libremente con los visitantes.
TEMPLO TŌDAI-JI
Alberga el Gran Buda, una de las estatuas más impresionantes de Japón.